Peter Behrens: El Primer Diseñador Industrial
Introducción:
Vamos a preguntarnos algo:
¿Desde hace cuánto tiempo existe el “diseño industrial” como profesión?
¿Desde hace cuánto las empresas tienen algo que hoy llamamos “identidad corporativa”?
Son conceptos que usamos a diario, que todos entendemos y damos por sentado.
Pero, curiosamente, no siempre existieron.
Durante siglos, los objetos se hacían sin diseñadores industriales y las empresas no tenían una identidad corporativa coherente.
No fue hasta principios del siglo XX, concretamente a partir de 1907, cuando alguien se atrevió a unir arte, técnica e industria de una forma totalmente nueva.
Cuando un solo creador pensó que una empresa podía tener una imagen coherente, y que sus productos no solo debían funcionar, sino comunicar una idea.
A continuación contaremos cómo hemos llegado hasta aquí.
Pero antes de hablar de fábricas, logotipos y modernidad… pongámonos en contexto.
[ Diseño Industrial ]
Definición:
- Adm. y Merc. Apariencia de la totalidad o de una parte de un producto que se derive de las características de, en particular, las líneas, contornos, colores, forma, textura o materiales del producto en sí o de su ornamentación.
[ Identidad corporativa ]
Definición:
- f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.
Europa a Principios del Siglo XX
En el mundo del diseño, a finales del siglo XIX y principios del XX, había muchos frentes abiertos.
El diseño, tal y como lo entendemos hoy, todavía no existía como disciplina unificada.
Cada país, cada escuela y cada creador buscaban su propio camino entre el arte, la técnica y la industria.
El movimiento de diseño más influyente de aquel momento fue, sin duda, el Arts & Crafts inglés, que alcanzó su punto culminante con la famosa Casa Roja de William Morris.
Este movimiento (1860-1915) defendía la artesanía frente a la producción industrial, sosteniendo que un objeto hecho a mano siempre sería superior a uno fabricado en serie.
Desde Europa se miraba hacia Inglaterra con admiración. Incluso desde Alemania, el arquitecto Hermann Muthesius fue enviado para estudiar de cerca el movimiento de Artes y Oficios con el propósito de aprender cómo unir belleza y función en los objetos cotidianos.
Unos años más tarde, en 1903, en Viena, se fundó el Wiener Werkstätte, el “Taller de Viena”.
Este colectivo heredó el espíritu del Arts & Crafts, pero le dio un giro más moderno y geométrico, influido por el trabajo de Mackintosh. Sus figuras principales, Josef Hoffmann y Koloman Moser, buscaban un equilibrio entre la tradición artesanal y la precisión de la línea recta.
Su manera de entender la forma, basada en la pureza y la estructura, anticipaba el lenguaje del diseño moderno.
Mientras tanto, en Alemania, el clima cultural también estaba cambiando.
En 1907 se fundó el Deutscher Werkbund, una asociación que reunió a arquitectos, diseñadores, artesanos, comerciantes e industriales con un objetivo común: proyectar una imagen moderna y coherente para Alemania.
De manera paralela, toda Europa se rendía ante las curvas del Art Nouveau, un estilo que perseguía las formas orgánicas y las líneas inspiradas en la naturaleza.
En Alemania, este movimiento adoptó el nombre de Jugendstil, en honor a la revista Die Jugend (“La Juventud”), y se convirtió en un símbolo de renovación y modernidad.
Y mientras todas estas corrientes artísticas florecían, el mundo vivía una revolución tecnológica sin precedentes.
En 1880, el estadounidense Thomas Edison, aunque muchos otros ya habían experimentado con esta tecnología, patentó la bombilla incandescente.
Y aunque es cierto que esta patente se obtuvo a finales del siglo XIX tuvo un mayor impacto en el diseño y en la arquitectura a principios del siglo XX.
Fue precisamente en ese escenario, entre la artesanía, la industria y la búsqueda de un nuevo lenguaje visual, donde apareció una figura decisiva.
Su nombre era Peter Behrens, y con él comenzaría una nueva manera de entender el diseño moderno.
Peter Behrens
Peter Behrens nació en el barrio de St Georg en Hamburgo el 14 de abril de 1868, en una familia acomodada que le permitió formarse en distintas escuelas de arte.
Estudió pintura en la Gewerbeschule de Hamburgo y en la Academia de Bellas Artes de Karlsruhe, además de trabajar con maestros en Düsseldorf y Múnich.
Comenzó su carrera como pintor, más tarde empezó a diseñar mobiliario y cristal.
En 1900 inició su actividad arquitectónica, y desde 1907 trabajó en Berlín, donde fue miembro fundador del Deutscher Werkbund y asesor artístico de la empresa eléctrica AEG.
Aunque su obra más célebre, la Fábrica de Turbinas de la AEG, marcó un antes y un después en la arquitectura moderna, Behrens nunca estudió arquitectura: fue completamente autodidacta.
Para explicar su trabajo, vamos a dividir su carrera profesional en tres etapas: su periodo Jugendstil, su paso por la Colonia de Artistas de Darmstadt y su etapa funcionalista y de diseño moderno.
Peter Behrens y el Jugendstil
El Jugendstil, la versión alemana del Art Nouveau, fue un estilo artístico que nació en torno al cambio de siglo.
Su nombre viene de la revista de Munich Jugend, que significa “juventud”,ya ese nombre reflejaba su espíritu: un movimiento joven, renovador, que quería romper con el pasado.
El Jugendstil buscaba unir el arte con la vida cotidiana.
Rechazaba la idea de que las “bellas artes” fueran superiores a la artesanía, y proponía algo revolucionario para la época: que todo, desde un edificio hasta una cuchara, podía ser una obra de arte si se diseñaba con sensibilidad.
Sus artistas querían alejarse del exceso decorativo del siglo XIX y apostar por formas simples, orgánicas y curvilíneas, inspiradas en la naturaleza.
Creían que la belleza podía encontrarse en una línea, en una forma pura, en la armonía de los materiales.
En el estilo Jugendstil, los proyectos arquitectónicos solían estar a cargo de un único arquitecto, que se ocupaba tanto del diseño de la vivienda como del mobiliario, logrando así un “arte total” (Gesamtkunstwerk).
Los objetos de este estilo eran generalmente lujosos y únicos, producidos a medida por el arquitecto o artesano, y su compra indicaba tanto el nivel económico como el gusto refinado de clientes acomodados.
Uno de los grandes protagonistas de este movimiento fue Peter Behrens.
Sus primeras obras se centraban en paisajes, pero hacia 1890 comenzó a retratar escenas de la vida industrial moderna.
Más tarde, exploró motivos simbolistas y se especializó en los grabados en madera.
Entre ellos destaca “El beso” (1898), un grabado a color que se ha convertido en una de las imágenes más emblemáticas del Art Nouveau.
El beso, grabado en madera por Peter Behrens 1898
En 1902 creó una lámpara de mesa en bronce y vidrio que resume perfectamente ese espíritu: líneas elegantes, formas naturales y una belleza sencilla pero muy moderna para su tiempo.
Flying Lady, Lámpara de mesa de bronce dorado y vidrio opalescente
Como muchos otros de su generación Behrens fue atrapado por las artes aplicadas a través de una serie de trabajos para diseñar letras, porcelana, cristal, cubiertos, joyería, mobiliario e incluso vestidos “reformados” para mujeres. Por lo tanto, gradualmente, sus actividades como pintor decayeron.
Peter Behrens en la Colonia de Artistas de Darmstadt
Behrens exhibió artes aplicadas en Darmstadt en 1899 y recibió una invitación para unirse a “Los Siete”, una comunidad de artistas reunidos bajo el patrocinio del Gran Duque Ernst-Ludwig II de Hesse.
El objetivo era convertir a Darmstadt en el principal centro de actividad artística en arquitectura y diseño de Alemania.
Gran Duque Ernst-Ludwig II de Hesse
Colonia de Arte en la colina de Mathildenhöhe, Darmstadt. Actualmente Patrimonio mundial de la UNESCO
En 1901, para hacer una apertura formal de la colonia se realizó una exhibición que se llamó “Un documento del arte alemán”.
El motivo de la exhibición era el pueblo en sí, el ejemplo de un modo de vida moderno, las ocho casas realizadas y amuebladas por los propios artistas que eran además, residentes en esta colonia.
Siete de estas ocho casas las hizo el arquitecto vienés Joseph Maria Olbrich. La octava la realizó Peter Behrens que diseñó su propia casa, su primer trabajo arquitectónico.
Casa de Peter Behrens en la Mathildenhöhe de Darmstadt
El interior de la casa de los Behrens era lujoso, y todo en ella estaba realizado según los dibujos del propio artista.
El costo total ascendió a unos 200.000 marcos (que podrían ser de manera estimada 1,6 M euros actuales), convirtiéndola en el proyecto más caro de las ocho casas de la colonia.
La primera casa de Behrens, para él, su esposa y sus dos hijos, tenía tres habitaciones principales en la planta baja.
La entrada mostraba la escalera y contaba con pantallas correderas que daban acceso a la sala de música, conectada con el comedor a través de un amplio arco.
Así, toda la planta baja podía abrirse para eventos musicales o fiestas.
Plano de la casa de Peter Behrens, 1901
Sala de música de la casa de Peter Behrens
La sala de música, según Behrens, debía ser el espacio principal de la casa.
Era oscura e intensa, con sillones, taburetes y bancos de madera de haya pintada de negro, y un techo dorado decorado como una “vieja cúpula de iglesia”.
Las paredes, revestidas de mármol gris y rojo, incluían un espejo de cristal azulado.
Los muelles a ambos lados de la entrada al comedor estaban decorados con figuras estilizadas de diosas egipcias, y el piano de arce gris llevaba motivos egipcios con alas desplegadas, símbolo de protección.
El suelo de la sala era más bajo que el de las habitaciones contiguas y el techo, más alto, creando un efecto dramático.
Símbolo Egipcio de alas desplegadas
En contraste, la cocina era clara y luminosa, con muebles barnizados en blanco, paneles con plata y lámparas eléctricas de cristal colgando de un techo blanco decorado con líneas rítmicamente entrelazadas.
La alfombra y algunos detalles eran rojo vino.
Otras habitaciones también estaban coordinadas por colores: el dormitorio de Mrs. Behrens predominaba en amarillo, mientras que el de Behrens tenía muebles de álamo barnizado en violeta.
Como se ha comentado, además, no sólo se diseñó el edificio y las estancias sino que se diseñó cada pequeño detalle.
Darmstadt marcó un punto de inflexión en la carrera de Peter Behrens, donde dejó atrás el Art Nouveau para centrarse en un estilo más funcional y geométrico.
La casa no ha sido preservada. Sufrió daños durante la Segunda Guerra Mundial y nunca fue restaurada.
Actualmente funciona como vivienda privada, pero gracias a la revista Deutsche Kunst und Dekoration de enero de 1902 sabemos exactamente cómo era.
Ya que el número estuvo enteramente dedicado a las ocho casas de la colonia. No obstante el edificio puede verse desde fuera.
Gracias al éxito de la colonia Behrens se convirtió en director de la Escuela de Artes Aplicadas de Düsseldorf en 1903, y recibió encargos para diseñar varios interiores para exposiciones en Turín y Düsseldorf, así como importantes estancias en Hagen, además de su segunda casa, para Gustav Obenauer, un comerciante de alimentos, en Saarbrücken.
Entre estos encargos estuvo la invitación para participar en la exhibición de Turín de 1902.
Dónde realizó el “Hamburg Vestibule” presentando un interior de gran dramatismo, inspirado en Also Sprach Zaratustra de Nietzsche.
Era un espacio amplio con bóvedas cruzadas, luz azul filtrándose desde las esquinas, y una piscina central rodeada de plantas trepadoras y figuras de cemento arrodilladas, creando un efecto casi críptico y teatral.\
Vestíbulo Hamburgo para la exhibición de Turín de 1902 por Peter Behrens
Es casi sorprendente pensar que estos espacios y su posterior trabajo para AEG fueran obra de la misma persona.
No se trató solo de un cambio en Darmstadt: tras sus viajes a Glasgow y Viena, su estilo evolucionó hacia formas más ligeras, rectilíneas y geométricas, como se refleja claramente en sus proyectos posteriores.
La Primera Identidad Corporativa AEG: Funcionalismo y Diseño Moderno
Un año antes de que Peter Behrens fundara, junto con otros arquitectos, diseñadores y artesanos el Deutscher Werkbund en 1907, Emil Rathenau, industrial alemán y director de la empresa AEG (Allgemeine Elektricitäts-Gesellschaft, Compañía eléctrica general) contrata a Behrens como consultor artístico para el diseño de lámparas con forma de arco y, un año después lo contrata como asesor artístico general bajo la premisa de conseguir que la AEG tuviese una sintonía uniforme en toda su empresa, productos, logos, carteles, anuncios… lo que hoy en día llamamos una identidad corporativa.
Lámpara de arco de Peter Behrens
Emil Rathenau había comprado previamente, en 1881, la licencia de la patente de la bombilla incandescente de Thomas Edison para su uso en Alemania.
Fue tras conseguir esta patente que fundó la empresa Deutsche Edison-Gesellschaft que más tarde se convirtió en la famosa AEG.
Peter Behrens comenzó a diseñar absolutamente todo en la empresa: productos, folletos, tipografías, showrooms, empresas asociadas e incluso casas/ urbanizaciones asociadas a AEG.
Sin duda, es su Turbine Hall de 1909 su trabajo industrial más reconocido y el que marca los principios de la relación entre la arquitectura moderna y la industria.
La fábrica de turbinas incluía el logotipo de la empresa, también diseñado por Behrens.
Turbin Hall fue diseñado por Peter Behrens en 1909.
Turbine Hall AEG por Peter Behrens en 1909
Logotipos de la empresa AEG a lo largo del tiempo
No obstante, la influencia de Behrens en la difusión del modernismo industrial o arquitectónico va mucho más allá del diseño de fábricas icónicas o de famosas teteras.
Consiguió crear un “Kauflust”, o “deseo de comprar”, vinculado a los productos industriales modernos, algo que se reflejó de forma especialmente notable en las tiendas de la AEG.
Además presentaba la tecnología como un elemento de lujo asociado a estos productos y espacios comerciales.
Hervidor eléctrico, diseñado por Behrens para AEG, de latón martillado y mimbre, hacia 1909
Lámpara Luzette, diseñada por Behrens para AEG, hacia 1910
Reloj eléctrico sincronizado, diseñado por Behrens para AEG, 1910
Ventilador diseñado por Peter Behrens hacía 1908
La fachada de la primera tienda de Behrens, en el número 4 de Königgrätzer Strasse, estaba revestida entre prácticamente de vidrio.
Un gran panel de suelo a techo formaba el escaparate, a la derecha estaba la puerta de entrada, una puerta doble acristalada con un tragaluz tripartito donde en cada sección había una de las letras de AEG.
Este conjunto, como se puede apreciar en las imágenes, estaba enmarcado por un borde biselado de cobre martillado, adornado con una moldura de cuentas.
De manera consciente se había dejado que el cobre del borde se oxidará hasta tener un color verde pálido que contrastaba con los productos de AEG que se encontraban en el escaparate.
Detrás de los productos expuestos y creando una división entre el escaparate y el resto de la tienda había unos paneles de mármol.
También podemos ver en la imagen como unas largas cortinas de seda colgadas desde el techo acentuaban la altura del espacio.
Fachada de la tienda en el número 4 de Königgrätzer Strasse
En el interior había elegantes sillones de cuero dispuestos casi más como una peluquería actual que como una tienda de productos tecnológicos.
Estaban colocados entre espejos, vitrinas y mesitas auxiliares.
En el techo había bombillas desnudas colocadas en casquillos metálicos enfatizando el hecho de que ese espacio se había diseñado con la intención de vender productos modernos celebrando la industria y la tecnología.
Interior de la tienda en el número 4 de Königgrätzer Strasse
En la segunda tienda en el número 117 de Potsdamer Strasse, Behrens combinó de nuevo materiales tradicionales y modernos de aspecto lujoso.
Este local se distinguía por el uso de formas más refinadas y una preferencia por las superficies planas.
Enmarcada por losas de mármol blanco levemente veteado, la fachada se veía como un portal que invitaba al cliente acomodado a ingresar.
El logotipo de AEG así como los productos principales estaban grabados en el mármol.
Cada losa acababa en una cornisa de mármol verde que sobresalía ligeramente y descansaba sobre un zócalo del mismo tono.
Las puertas y ventanas contaban con marcos y molduras pintadas, a su misma manera, de color verde, aportando una cohesión y coherencia al conjunto.
Al fondo se abría una puerta alta y estrecha, con un tragaluz facetado en la parte superior y un gran escaparate entero de vidrio.
En su base, sobre pedestales y estantes blancos, estaban expuestos los productos de AEG reluciendo como joyas.
Fachada de la tienda en el número 117 de Potsdamer Strasse
A pesar de trabajar con un lenguaje moderno y depurado, Behrens supo mantener en sus obras y diseños para la AEG una conexión con la nobleza y la elegancia de las tradiciones arquitectónicas anteriores.
Para no dar lugar a duda y que se entendiera bien que los productos de AEG pertenecían a un mundo de lujo, Peter Behrens utilizó en el interior elementos arquitectónicos y materiales de alto standing.
Al entrar había sofá de cuero marrón apoyado en paneles geométricos de madera oscura.
Encima del sofá, empotrada de la pared y ocupando la longitud total de la tienda había una vitrina que quedaba exactamente a la altura del ojo y exponía los productos de AEG.
Encima de la vitrina había un papel de pared verde hasta el techo con un reloj de AEG.
Interior de la tienda en el número 117 de Potsdamer Strasse
Exhibiendo los productos de la AEG de este modo, se estimulaba el consumo, ya que se creaba un mundo ideal de lujo, realzado aún más por la tecnología y la electricidad modernas.
Peter Behrens consiguió crear deseo en él consumidor gracias al diseño de sus tiendas y, de aquí en adelante, crear este deseo en objetos producidos en serie se convirtió en la meta principal de muchas empresas del nuevo mundo moderno.
Trabajos Destacados de Peter Behrens
Peter Behrens realizó una gran variedad de trabajos, que incluyen tanto casas como diferentes tipos de edificios.
En la casa Wiegand de Dahlen (1911-1912), el interior era sobrio, formal y bastante pesado, acorde con el gusto clásico del arqueólogo propietario.
Esta tendencia se acentuaba con detalles como hojas de palmera inspiradas en ánforas de Apulia, Italia.
Casa Wiegman por Peter Behrens en 1911-1912
Ánfora de Apulia con motivos de hojas de palmera
De manera similar, en la embajada alemana en San Petersburgo (1911-1912), Behrens supervisó interiores de marcado carácter clásico, un proyecto en el que Ludwig Mies van der Rohe actuó como arquitecto del sitio. Más tarde, Mies escribió: “Bajo el mando de Behrens aprendí la forma principal, si sabes a lo que me refiero”.
Embajada de Alemania en San Petersburgo, Rusia
En sus diseños para la Mannesmann-Röhrenwerke en Düsseldorf (1911-1912), Behrens tuvo que atender a la funcionalidad y a las dimensiones propias de un espacio de oficina.
Esta unidad, repetida, sirvió como base para la construcción del edificio completo.
Un interior con mobiliario para familias obreras fue incluso expuesto en la sede del Trades Union de Berlín en 1912.
Casa Mannesman por Behrens en 1912
Hacia 1920, muchos de sus interiores mostraban un estilo expresionista. El mayor ejemplo que ha sobrevivido es la entrada de la sede de Hoechst Dyeworks (1920-1924).
Entrada de la sede Hoechst Dyeworks de Peter Behrens terminada en 1924
Ese mismo año, su proyecto Don Bauhütte en Múnich, un pabellón para exhibir arte religioso, fue cerrado por los nazis debido a su interior “violento”, con ladrillos policromáticos, cristal pintado y otros elementos innovadores.
Pabellón para exhibir arte religioso de Peter Behrens en 1922
Por contraste, la villa para Clara Gans en Taunus (1913) representa el ejercicio más notable de un modernismo cúbico contenido.
Presentaba un suelo oscuro de roble ebonizado con un patrón de líneas en arce blanco, y las paredes y techos del comedor estaban panelados en palisandro (madera tropical muy dura).
Una ventana corredera conectaba el espacio con una terraza, creando continuidad entre interior y exterior.
Exterior de la villa para Clara Gans en Taunus por Peter Behrens
Hall de la villa para Clara Gans en Taunus por Peter Behrens
Ventana corredera que conectaba con la terraza de la villa para Clara Gans en Taunus por Peter Behrens
Cerca del inicio de la Primera Guerra Mundial, Behrens comenzó a escribir y enseñar diseño, involucrándose con el Deutscher Werkbund.
Entre 1922 y 1936 enseñó arquitectura en la Academia de Viena, y en 1936 impartió master classes en la Academia de Berlín.
Su labor como docente y diseñador industrial ha hecho que sus talentos en interiores y mobiliario queden a veces en segundo plano, aunque en ambas áreas demostró ser extraordinariamente versátil.
Su último proyecto, en 1939, consistió en una nueva sede para la empresa AEG, pensada para la operación Achse (operación para asegurar el control de Italia y otras zonas del Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial) de Albert Speer en Berlín, que nunca llegó a realizarse.
Legado y Huella de Peter Behrens
Peter Behrens, considerado el primer diseñador industrial, no solo definió un nuevo lenguaje del diseño moderno, sino que creó la primera identidad corporativa con AEG, algo que hoy nos parece lógico, pero que en su tiempo no existía, unificando productos, logotipos, tiendas y publicidad bajo un mismo lenguaje visual.
Fue también maestro directo de Le Corbusier, Walter Gropius y Ludwig Mies van der Rohe, quienes trabajaron en su estudio y aprendieron de primera mano su enfoque sobre la forma, la función y la estética.
Curiosamente, la famosa frase “menos es más” suele atribuirse a Mies, pero en realidad fue Behrens quien la acuñó. Su obra, que abarca desde fábricas y tiendas hasta interiores y viviendas, demuestra cómo la simplicidad, el lujo y la funcionalidad pueden coexistir, dejando un legado que todavía marca la manera en que entendemos el diseño moderno hoy.